Con 67 visitas registradas en prisión durante la primera condena del magnate, la piloto esférica se mantuvo a la sombra de Ghislaine Maxwell. Hoy, el Congreso de EE. UU. busca romper el polémico acuerdo de 2008 que la protege.
POR: REDACCIÓN EL MUNDO INVESTIGA
Washington D.C., EE. UU. — Miércoles 20 de mayo de 2026
La densa e intrincada red de encubrimiento que rodeó al fallecido magnate y depredador sexual Jeffrey Epstein continúa desmoronándose en los pasillos del Capitolio de los Estados Unidos. Aunque los nombres de Ghislaine Maxwell y el propio Epstein han acaparado los titulares mundiales, una figura clave —y relativamente desconocida para el gran público— ha vuelto a entrar de forma agresiva en el radar de las autoridades federales: Nadia Marcinko.
Los registros de la primera estancia en prisión de Epstein, cuando cumplió una laxa condena de 13 meses por solicitar prostitución a una menor de edad, revelan un dato demoledor: Marcinko lo visitó en al menos 67 ocasiones. Quien fuera la novia principal del financiero durante siete años, y su pareja más relevante tras el alejamiento de Maxwell, fungió además como la copiloto oficial de su célebre y siniestro avión privado durante sus últimos años de operaciones.
El blindaje del 2008: Un polémico pacto de inmunidad
El nombre de Nadia Marcinko cobró un peso superlativo en el ámbito judicial tras figurar en el controvertido acuerdo de no enjuiciamiento firmado en 2008 por la fiscalía de Florida. En dicho documento, Marcinko fue catalogada explícitamente como una de las cuatro "posibles cómplices" del magnate, junto a las asistentes Sarah Kellen, Lesley Groff y Adriana Ross.
A cambio de la cooperación de Epstein, este pacto les concedió a las cuatro mujeres una inmunidad judicial total frente a cargos federales. Debido a este escudo legal, Marcinko nunca ha sido acusada, imputada ni procesada por delito alguno en territorio estadounidense.
Sin embargo, el clima político y legislativo en Washington ha cambiado drásticamente. En las últimas horas, congresistas estadounidenses han impulsado citaciones formales para interrogar bajo juramento a Kellen y Groff, mientras un sector de la legislatura presiona formalmente para que la investigación penal se extienda a las cuatro señaladas, exigiendo buscar resquicios legales que dejen sin efecto el polémico blindaje de 2008.
¿Cómplice o víctima?: Las dos versiones del caso
El debate en torno a la figura de Marcinko divide aguas de forma drástica entre la defensa técnica y el crudo relato de las sobrevivientes de Palm Beach, Florida:
La postura de su defensa: Los abogados de Nadia Marcinko sostienen con firmeza que su cliente no formó parte del engranaje delictivo, sino que, por el contrario, fue una víctima más del sofisticado sistema de manipulación psicológica, coerción y abuso implementado por Jeffrey Epstein, dada la juventud y vulnerabilidad con la que entró a su círculo íntimo.
El testimonio de las víctimas: Una realidad completamente opuesta es la que describen las mujeres que sufrieron abusos cuando eran menores de edad en Florida. En las declaraciones policiales que propiciaron la primera captura del magnate, las víctimas directas testificaron de manera inequívoca que Marcinko participó activamente en las dinámicas de captación, facilitación y ejecución de los abusos sexuales.
"Es una de las piezas del rompecabezas que logró evadir la justicia formal gracias a tecnicismos legales de otra época, pero el dolor de las víctimas exige que se conozca toda la verdad de lo que ocurría en esos vuelos y residencias", argumentan fuentes cercanas a la comisión legislativa.
Con el Congreso estadounidense decidido a revisar las costuras del pacto de inmunidad que protegió al círculo más íntimo de Epstein, el anonimato del que Nadia Marcinko ha gozado durante los últimos años parece haber llegado a su fin.