Mientras sus ciudadanos conducen autos eléctricos y el 98% de su energía es renovable, Noruega bate récords de ingresos por exportaciones de combustibles fósiles impulsados por la crisis en Medio Oriente.
Por: Redacción Internacional
12 de mayo de 2026
OSLO, Noruega – En las calles de Oslo, el futuro sostenible parece haber llegado: bicicletas por doquier, aire limpio y una flota de vehículos donde 9 de cada 10 autos nuevos vendidos son eléctricos [
El país nórdico, considerado uno de los más verdes del planeta, se está beneficiando enormemente de la inestabilidad global. Debido al bloqueo de rutas clave como el Estrecho de Ormuz por los conflictos en Medio Oriente, los precios del crudo se han disparado, otorgando a Noruega ganancias adicionales por miles de millones de dólares [
Una economía impulsada por fósiles
A pesar de sus ambiciosas metas climáticas —que incluyen reducir sus emisiones internas en un 50% para 2030 [
Representa más del 60% de sus exportaciones.
Aporta más del 20% de su Producto Interno Bruto (PIB) [
].02:00 Sostiene el "Fondo del Petróleo", un fondo soberano que a finales de 2025 acumulaba 2 billones de dólares, lo que equivale a unos 350.000 dólares por cada ciudadano [
].02:30
Desde el inicio de las recientes tensiones bélicas que involucran a EE. UU., Israel e Irán, el Estado noruego ha ingresado 5.000 millones de dólares adicionales, mientras su bolsa de valores alcanza máximos históricos [
El “mal necesario” de Europa
La posición de Noruega se volvió estratégica en 2022, tras la invasión rusa a Ucrania. Al cortarse el suministro desde Moscú, Oslo pasó a suministrar el 30% del gas y el 15% del petróleo que consume el continente europeo [
El gobierno del primer ministro Jonas Gahr Støre ha sido enfático: no hay planes de abandonar el petróleo a corto plazo. De hecho, el país ha otorgado 57 nuevas licencias de exploración, incluso en zonas ecosistémicamente frágiles como el Mar de Barents, en el Ártico [
El dilema ético y ambiental
Esta postura ha generado una fuerte fricción con organizaciones ambientalistas. Los activistas sostienen que Noruega no puede reclamar el liderazgo climático global mientras sigue lucrando con la exportación de emisiones al extranjero [
Por otro lado, los sindicatos advierten que una transición abrupta pondría en riesgo más de 200.000 empleos y la estabilidad del robusto estado de bienestar noruego [
Noruega se encuentra hoy en una encrucijada moral: financiar su utopía verde interna con los beneficios de un combustible que el mundo intenta dejar atrás, mientras la seguridad energética de Europa depende, más que nunca, de sus yacimientos submarinos.