Tras los recientes eventos sísmicos que han afectado a diversas regiones de Venezuela y Colombia, los equipos de auxilio y salud mental enfrentan una crisis tan profunda como los daños materiales: el impacto psicológico en la población afectada.
Entre los cuadros clínicos y emocionales más recurrentes destaca la llamada «culpa del sobreviviente», una condición en la que las personas experimentan un profundo malestar, tristeza o remordimiento por haber resultado ilesas o haber conservado su vivienda mientras vecinos, amigos o familiares lo perdieron todo o fallecieron.
¿En qué consiste la culpa del sobreviviente?
La culpa del sobreviviente no es una enfermedad, sino una respuesta emocional ante un trauma donde la supervivencia o el bienestar se perciben como aleatorios o inmerecidos. Quienes la padecen suelen manifestar:
Preguntas irracionales de autocuestionamiento: Pensamientos intrusivos como «¿Por qué yo estoy a salvo y ellos no?» o «¿Qué hice para merecer estar bien?».
Bloqueo y postergación del bienestar: Reticencia a comer bien, dormir plácidamente, sonreír o retomar las rutinas laborales por considerar que es una «falta de respeto» hacia las víctimas.
Síntomas físicos y emocionales: Insomnio, pesadillas, hipervigilancia ante réplicas, fatiga emocional y cuadros de ansiedad generalizada.
Los grandes retos en la atención psicológica de emergencia
Desplegar primeros auxilios psicológicos (PAP) e intervenciones de salud mental en contextos de desastre natural plantea desafíos estructurales para gremios, universidades y redes comunitarias:
Resistencia a buscar ayuda: Muchas personas evitan acudir a consultas psicológicas al considerar que «no tienen derecho a quejarse» porque hay otros damnificados en peores condiciones físicas o de vivienda.
Desgaste en rescatistas y personal sanitario: La atención no solo se dirige a la población civil; médicos, enfermeros y brigadistas de rescate también experimentan el síndrome por la impotencia de no haber podido salvar a más personas.
Riesgo de Estrés Postraumático (TEPT): Si la culpa y el duelo atascado no se abordan a tiempo, corren el riesgo de convertirse en trastornos crónicos que afectan el funcionamiento familiar y laboral.
Canalización constructiva: Los terapeutas buscan reorientar la culpa hacia la «acción social» o el voluntariado, evitando al mismo tiempo que el activismo se use como una máscara para esconder el trauma.