Kiribati: El paraíso del Pacífico que se hunde – La lucha contra el cambio climático en la nación más vulnerable del mundo

Kiribati: El paraíso del Pacífico que se hunde – La lucha contra el cambio climático en la nación más vulnerable del mundo

DAVID RAUDALES
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Por [DAVID RAUDALES] – 09 de enero de 2026

En el vasto océano Pacífico Sur, entre Hawái y Australia, se extiende Kiribati: un archipiélago de 33 atolones y una isla arrecifal que cubre 3,5 millones de kilómetros cuadrados pero con una elevación media inferior a dos metros sobre el nivel del mar. Este paraíso de playas blancas, lagunas turquesas y tradiciones milenarias enfrenta una amenaza existencial: el cambio climático y el aumento del nivel del mar podrían hacer desaparecer al país en 30 a 40 años, según estimaciones de la ONU. El documental “Kiribati: a drowning paradise in the South Pacific”, producido por DW Documentary y subido a YouTube en noviembre de 2017, ofrece un retrato conmovedor y urgente de cómo sus habitantes resisten sin rendirse, adaptándose con ingenio mientras piden justicia a las naciones industrializadas.

El filme recorre principalmente el atolón de Tarawa —donde vive más de la mitad de los 100.000 habitantes del país— y Abaiang, mostrando el contraste entre la belleza natural y la devastación progresiva. Residentes como Te Tata y su familia construyen diariamente muros de coral y piedras para proteger sus hogares de las mareas altas y las tormentas mensuales. “Hace veinte años el mar estaba lejos, estábamos seguros”, recuerda un anciano, señalando cómo la erosión costera ha devorado aldeas enteras. En un lugar que antes albergaba 70 familias, hoy solo queda tierra baldía accesible solo en marea baja.

La sobrepoblación agrava la crisis: Tarawa concentra a 60.000 personas en un espacio reducido, con familias numerosas y migración desde atolones exteriores. Casi cada metro cuadrado está ocupado, los recursos escasean y el saneamiento falla durante las “king tides” (mareas excepcionales), contaminando el agua potable por salinización. Vasiti Tebamare, activista de KiriCAN (organización ambiental local), lidera esfuerzos juveniles para plantar más de 50.000 manglares en Ambo Beach: “Los países industrializados —Estados Unidos, China y Europa— usan combustibles fósiles para su beneficio. ¿Y nosotros qué?”.

El gobierno ha comprado tierras en Fiyi como plan de evacuación de emergencia, pero la mayoría rechaza la idea de abandonar su hogar. “Somos de Kiribati, estamos orgullosos de serlo. Queremos morir aquí”, afirma Kaboua, un residente que muestra un pueblo sumergido. El caso de Ioane Teitiota en 2014 —el primer intento fallido de asilo como refugiado climático en Nueva Zelanda— ilustra la indiferencia internacional: deportado pese al agravamiento de las condiciones.

En Abaiang, se exploran iniciativas de adaptación: producción de azúcar de palma (subiendo a las copas de cocoteros y hirviendo la savia) para generar ingresos, y programas de nutrición que combaten la obesidad y diabetes causadas por alimentos importados azucarados que reemplazan la dieta tradicional. Jóvenes se forman en el Centro de Entrenamiento Marino para trabajar como marineros y enviar remesas. En escuelas, los niños dibujan sus miedos: islas sumergidas y muerte.

El documental destaca la resiliencia cultural —tradiciones como la pesca con antorchas de palma y reuniones en maneaba (casas comunales)— frente a la degradación de arrecifes por basura y presión poblacional. Aunque algunos corales muestran resistencia, el futuro es incierto: el coordinador climático Troy Heating advierte que en 50 años Kiribati podría dejar de existir como nación.

Kiribati no solo es víctima del cambio climático; es un símbolo de la injusticia global. Sus habitantes, que emiten mínimas emisiones, pagan el precio más alto. El filme concluye con un llamado implícito a la acción internacional: más que relocalización, necesitan apoyo real para muros, desalinizadoras, manglares y educación. Mientras COP23 (mencionada en 2017) no logró avances suficientes, la lucha continúa.

Disponible en YouTube, este documental de DW es un testimonio visual poderoso de belleza amenazada y dignidad humana. En 2026, con el nivel del mar subiendo más rápido que nunca, Kiribati sigue siendo el recordatorio vivo de que el paraíso puede ahogarse si el mundo no actúa.

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